jueves, 17 de julio de 2008

Noche de conejita

Una amiga mía se casa. He tratado de convencerla por todos los medios de que no lo haga, pero es testaruda. Diez años de relación, varios pies fuera del plato, poco sexo. ¿Para qué? Para un fiestón de 400 personas que cumpla los sueños frustrados de sus madres, hasta ahora solteras. El sábado fue su despedida. Pía, una amiga en común, se encargó de todos los preparativos. Esa noche íbamos a ser conejitas, así que nos compró pelucas fucsias y nos dijo que teníamos que ir vestidas de negro. Además, había contratado un bus para hacer un recorrido por varias discotecas y bares de Lima, hasta que saciáramos los ímpetus prohibidos de la novia y, por qué no, los nuestros también.

Las 13 de Hugh Hefner nos reunimos en la casa de Sharon, esa sería la nueva identidad de la novia. Nosotras también teníamos permiso para usar un sobrenombre, aunque yo preferí quedarme con el mío, ya es bastante curioso.
Apenas me vio, la futura esposa, o próxima víctima, me tomó del brazo y me llevó a un lado para hablarme de lo infeliz que era al lado de su novio. No paraba de hablar, que me trata mal, que no me toca, que si en un año no cambia me divorcio. ¡A mal palo te arrimas! —gritó Pía— ¡Deja de hablar tanto y ven a chupar! ¡Es que ella es la única que me entiende! —contestó, levantando el vaso de tequila—. Yo no entendía nada, ¡al menos yo me casé enamorada! Pero yo sabía que, secretamente, ella quería cumplir su sueño de la boda de blanco, aunque fuera puro cuento.
Al rato, Pía no aguantó más y la jaló del brazo, es hora de tu discurso, dijo. Sharon no puso resistencia. Sabía que era muy importante lo que tenía que decirnos, así que subió unas cuantas gradas de las escaleras para estar en alto y levantó el brazo con la postura solemne de un libertador: “Esta noche no somos nosotras, hemos adquirido una nueva identidad que nos permite el vale todo. Sí chicas, como lo oyen. No importa si son solteras, casadas, viudas, divorciadas, convivientes, comprometidas, con agarre, affair, flirt, o inminente enamoramiento. Esta noche nos hemos reunido para cortar cualquier tipo de atadura. Después pueden pegarla, si quieren, con scoth, uhu o conseguir una nueva. Lo que importa es nuestra consigna, la liberación; y el pacto, callar hasta la muerte. Los juicios no existen, ni las caras de horror, ni mucho menos la cordura, el sentido común o la sobriedad. ¡La noche recién empieza! ¡Salud!”. Dicho esto, Sharon sacó del bolsillo de su saco un puñado de condones y los lanzó al aire para sorpresa de todas, incluida yo.

Fue divertido ver la cara de las chicas. Cada una tenía un brillo especial en los ojos, no solo era la despedida de la novia, era una verdadera oportunidad para desinhibirse. Podía percibir la euforia contenida, todavía nadie se atrevía a apoyar abiertamente los deseos de Sharon, pero apuraban los vasos de pisco con entusiasmo y se iban despojando de sus sacos, mostrando escotes y atrevidas minifaldas.
A las 11:00 llegó el bus, ya estábamos listas para salir, cuando se escuchó un derrumbe estrepitoso. Era la novia que se había caído encima de uno de los aparadores de la sala. Los adornos estaban hechos trizas —igual que nuestras ideas de liberación— y ella, sentada con las piernas abiertas y la cara gacha. La habíamos perdido. Cómo no nos habíamos dado cuenta de que se había tomado casi toda la botella de tequila. Aunque le dimos agua, palmaditas en los cachetes y la llevamos a rastras al water para que expulse al demonio de Tazmania, fue inútil. Al rato, todas las cabecitas fucsias estábamos sentadas alrededor del sueño de Sharon, pensando en lo poco que había durado nuestra fantasía. Algunas tenían la ilusa esperanza de que iba a despertar, pedían café para resucitarla, pero las más realistas tuvimos que asumir el grave error de la noche: no haber controlado el excesivo entusiasmo de la novia. No nos quedó otra alternativa que cargarla para llevarla a su cuarto. Cuando la arropamos, la moribunda abrió los ojos y alcanzó a pedir un último deseo: vayan a divertirse por favor, háganlo por mí, aprovechen su noche de conejitas.

No fue difícil cumplir el deseo de la novia. Ya teníamos el bus pagado, las reservaciones hechas, había trago para todo nuestro recorrido y, sobre todo, nuestras nuevas identidades estaban ansiosas por salir del encierro. Así que subimos al bus, no sin pena y cargo de conciencia, ratificando la consigna y el pacto de la noche en nombre de Sharon. Así, entre flashes para las poses sexys, gritos de salud y cumbia, iniciamos el recorrido saludando a los taxistas, a los aburridos transeúntes, a los que cabeceaban en los micros y de pronto parecían despertar con el color fosforescente de nuestras pelucas y besos volados. Éramos la sensación. Esa noche comprobé que a las mujeres nos encanta ser putas. Apenas se nos da la oportunidad, desatamos nuestras represiones, amparadas en un oportuno disfraz. En las discotecas, los chicos eran nuestros, los sacábamos a bailar jalándolos de los cuellos de las camisas. Parecían poseídos, siguiéndonos como zombis, y las mujeres nos miraban con envidia. Pasamos de Xcess a Spa, Barza y Vocé (ahí perdimos a una, parece que se encontró con alguien, o eso nos dijo), cumpliendo algunos retos divertidos, con un aire de candidez que me conmovió. La máxima hazaña de la noche fue invitarle un trago a un desconocido. Eso fue lo más atrevido que vi, y lo último. Cuando llegamos a Sakuara yo ya estaba harta del trago, del humo, de la música estridente y el tumulto. Hace tiempo dejé la vida loca y ya me desacostumbré a la juerga de “hasta las últimas consecuencias”. Para vacilón ya había tenido bastante y llegó un momento en el que me sentí fuera de lugar. Lo único que me provocaba era que alguien me rescate de ese antro. Así que, amparada por la bravura del alcohol, llamé a J a las tres de la mañana y le pedí que me fuera a recoger. ¿Qué? ¿Quién habla? —contestó con voz somnolienta—. No puedo, llama a un taxi seguro para que te lleve a tu casa. Colgué desilusionada. Su rechazo me había devuelto la sobriedad en un minuto. ¿Qué había hecho? El ridículo. Fui al baño a quitarme la peluca para poder tomar un taxi sin que me confundieran con puta callejera y me encontré con Pía, dispuesta a hacer lo mismo que yo, solo que a ella la esperaba su esposo en la puerta de la disco.

No sé si esa noche todas llegamos a liberarnos y si valió la pena. La novia no había despedido su soltería, ni había sido testigo de nuestros cómicos disfuerzos de seducción. Y mi disfraz de chica playboy me había terminado convirtiendo en una conejita de verdad: desvalida, desorientada y huidiza, buscando cobijo en una madriguera perdida.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Maya

Siempre te leo y has hecho mi fantasia realidad... bueno casi. Siempre he soñado escaparme con mis amigas de juerga, tener una noche loca (solo una)y si es posible terminar en una cama desconocida... pero la verdad que creo que nunca lo voy a hacer.
Hoy por ejemplo he visto una luna llena increible y le dije a un chico que me gusta que me lleve a la playa, aqui abajo nomàs, y me contestó igual que tu J. Me dijo que me tome un taxi!!!,,, todos son iguales, creo. Pero lo importante es que te tengo a ti y si bien no pude ir a la playa y ver la luna, puedo escribirte, que para mi es casi lo mismo...
Sigue esribiendo que todas mis amigas te leemos... quiza algùn dia salgamos de juerga todas!!

la vodka sour

Pilarcita dijo...

Ay! Pero porqué buscar una excusa para una noche así... libérense! Vámonos de copas y seamos lo que queramos ser!... jejeje Pásate los condones oe!...jajaja

Eri-Eri dijo...

MAYA!
me encantaria ver tu disfraz de conejita!! pon una foto!!!
fijate q mi cumple fue el jueves y queria salir con mis amigas, hmna y tia! pero todas me dejaron plantada! fue una desilusion pero bueno habra otros dias, espero! pero como q tu amgia se casa esperando q el cambie!! o sea como? pq se casa?? mm si quiere una fiesta q la haga pero para q se casa?? PARA QUEE!!!!

Fiore dijo...

Pero CARAY!! que bueno es éste post, chica! :D
varias cosas:
1) me encanta el nombre del blog y el header ya que yo tambien he enttrado a esa época
2) tu pobre amiga se va a arrepentir muchiiiiiiiiiiisimo el haberse casado y no esperar luego a un hombre que la valore en verdad y asi con él pueda casarse en la iglesia
3) que tal bomba mujer!! yo hace tiemmmmmpo no tengo una de esas
4) pues sí a nosotras las mujeres cuando hay una opción de deshinibición LA APROVECHAMOS!
5) me voy a casar pronto y estoy realmente enamorada, creo que es la mejor manera de hacerlo.

Un bso y nos estamos leyendo

Jorge Ampuero dijo...

Ninguna desbandada vale la pena si no hay sexo de por medio, o al menos, un poco de carne trémula por insinuación, es la única ausencia palpable en este relato que quizá tiene hasta algo de frustrada realidad. Quién sabe.
La prosa ágil y degustable como acostumbras. Y, estarás por la FIL?

Un abrazo...

La Maya dijo...

Hola Jorge!
Las mejores noches son cuando no hay planes de por medio, cuando uno no sale a buscar. Lo malo es que J me malogró el plan, pero ya me estoy cansando de que me chotee.
Yo no estaré en la FIL, pero mi creadora ya se cree mucho con eso de su primera novela y ahora la han llamado para ser una Matadora, qué te parece! Está participando en una antología de narradoras peruanas, el 28 de julio será la presentación en la feria. Yo no puedo ir ese día, si voy la opaco, jajajajajaja.

un beso de La Maya