lunes, 5 de mayo de 2008

Cohibidos en el Cohíba


Abril se nos fue, las mañanas limeñas están cada vez más frías. Vivo en un octavo piso en San Isidro y desde mi ventana puedo ver la neblina colándose por los edificios. El viento está cambiando, ya se escuchan los susurros del invierno. Es inevitable. Aunque me gusta la imagen deprimente de los días grises de Lima —debe estar relacionado con algún hecho feliz en mi niñez— me cuesta habituarme nuevamente a las medias pantys y a los calentadores de nylon que me pongo debajo de la blusa. Por eso en invierno me visto con más color, para compensar la luz del verano que está de vacaciones.

Es evidente que mi estado de ánimo no es el mejor y J, un amigo literato que conocí hace poco, me dijo que había una cosa que podía compensar la melancolía del invierno: bailar salsa. La idea me pareció divertida, así que acepté su invitación para ir a algún lugar de salsa pura. Claro, no fuimos tan osados y elegimos un salsodromo en el que podíamos hacer el ridículo sin roche, el Cohíba de la Avenida El Ejército. A mi pareja y a mí, principiantes aún, nos hubiera encantado quedarnos tumbados en el Tumbao de la Victoria. Pero bueno, tampoco hay que ser tan desubicados, en el Tumbao sí que nos hubieran dado una buena tunda.

Ir a bailar salsa era todo un acontecimiento para mí y debía vestirme de acuerdo a la ocasión. Estuve a punto de ponerme una minifalda negra, de esas que cuando das un giro se vuelven vaporosas y demasiado permisivas a los ojos ajenos, pero para mala suerte de mi acompañante, se le rompió el cierre y tuve que reemplazarla por un pantalón negro, muy serio para mi gusto. Busqué en mi guardarropa algo que lo hiciera sexy y tropicalón y encontré un polo de licra pegadito que termina en falda. El color verde estaba perfecto para la ocasión, pero ni con esas pude animar a J. Cuando me vio quedó bastante decepcionado. Aunque mencionó un “linda” por ahí, sé que en su mente reclamaba ¡las piernas con taco aguja! Yo, en cambio, suspiré de alivio cuando lo vi con su camisa blanca de manga larga. Tenía un look desaliñado y chic que le caía muy bien. Uf!!! Si se hubiera aparecido con una guayabera colorida —amenazó con eso— o muy formalito, con la camisa dentro del pantalón y el pelo engominado, habría perdido algunos puntos. Debo confesar que este chico está en competencia con otro, pero eso es historia de otro post.

Cuando llegamos, el lugar estaba repleto. Tuvimos que cruzar la pista de baile para sentarnos en una mesita libre al lado del estrado, donde estaba ubicaba la banda. Una morena apretada endulzaba a las parejas con el azúcar de Celia, mientras nosotros nos comenzábamos a habituar al ritmo del bongó y la gaita. Qué sabes bailar mejor, le dije, salsa cubana o de línea. Me miró sorprendido con una sonrisita nerviosa, esperando que yo develara la broma. ¿Cómo que salsa de línea? Sí pues, para mí es más fácil la de línea, le dije. Se rió a carcajadas. Pucha, me fregaste, no tenía idea que existía la salsa en línea, me tienes que enseñar. Y salimos a bailar. Me tomó de la cintura y pude sentir un temblor en sus manos, era la primera vez que estábamos tan cerca. Uno, dos, sígueme. Sí, así, a ver, probemos con una vueltita. Definitivamente no iba a conquistarme con salsa, su terreno eran las letras y punto, pero pensé que me había llevado hasta ahí para sorprenderme. Me había imaginado que si sabía contar historias tal vez podría llevarme con soltura de un tema a otro, hacer saltos de tiempo, darme giros inesperados, no sé, yo solita me hice una novela en la cabeza. Sólo a mí se me ocurría pensar que un hombre acostumbrado a los vaivenes de la mente podía ser experto en estos menesteres. Su propuesta fue sólo un juego, una excusa divertida para poder salir conmigo.

A la hora nos rendimos y nos dedicamos a conversar más que a bailar, viendo a los personajes del lugar. ¡El asilo se había salido en tropel! Todos parecían enamorados y excitados. ¿Es que todavía existe el sexo a los sesenta? Además, se habían reunido todas las trampas de Lima, seguros de que en ese lugar podrían expresar su amor sin tapujos. Y el espectáculo de la danza fue otro cuento. Estaba el típico tío escandaloso de camisa roja que bailaba la salsa como si fuera marinera; el dotado de gracia, ligero y elegante, que sabía mover las caderas sin aspavientos; y, claro, no podía faltar el salserito de barrio, el cholo power que perseguía a su pareja en una carrera atropellada, porque su salsa era demasiado rápida, brusca y enredada. Incluso hacía piruetas arrodillado y empujaba las sillas invadiendo a los novatos como nosotros, que nos sentíamos intrusos en ese lugar.

Así no las pasamos, divertidos con el espectáculo que nos rodeaba hasta que llegó el momento de la verdad: el bolero. No tenía idea de que en los lugares de salsa tocaban bolero. ¡Esa era la trampa! J me había llevado hasta ahí para bailar pegadito, cachete con cachete. No pude rechazar su invitación y salimos con Sabor a mí. Me sentía igual que en la adolescencia, bailando lento con el chico que te quiere caer. La diferencia era que no estábamos escuchando el inglés susurrado de Air Suply o el More than words de Extreme, sino ¡el lento de mi abuelita! Un día tenemos que ir a bailar bolero al Bolívar, en una loseta, me dijo al oído. Y tú tienes que ir con vestido y yo con terno. Ay qué flojera, vestirse tan formal no es mucho mi plan. Le dije eso, pero la verdad es que no me imagino en un encuentro tan romántico si es que no estoy segura de qué es lo que va a pasar con él. Pero, por otro lado, para poder elegir tengo que probar el material. En algún momento tendrá que ocurrir, ya llevamos saliendo más de dos semanas y nunca ha tratado de besarme. Su forma de demostrarme que está interesado en mí son sus detalles. Un día se apareció en mi casa con veinte dvds de películas clásicas, porque a mí se me ocurrió mencionarle que quería saber más de cine. Me escribe mails gigantescos y la última vez que se fue de viaje no dejó de sacar regalitos de su bolsa de Papá Noel.

El asunto es que yo sabía que esa noche no se iba a atrever a hacer nada. Sacarme a bailar lento fue su máximo esfuerzo y yo no estaba preparada para besarlo. Después de varias decepciones amorosas, al fin he decidido que estoy mejor sola. No es una pose. Sencillamente no estoy desesperada por conseguir pareja y disfruto de mi soledad, aunque eso no quita que pueda divertirme. El problema es que J no es chico de una noche y si lo besaba, tal vez lo hubiera interpretado como un “sí” (a veces me sorprendo a mí misma hablando como si fuera un hombre).

La noche de salsa terminó con el bolero. Fue tan tenso ese abrazo que los dos terminamos exhaustos. Alrededor, las parejas seguían dándose piquitos y mirándose con adoración, mientras a nosotros nos había invadido una fría sensación de incomodidad. El Grinch del amor estaba más presente que nunca (así me ha bautizado J). Definitivamente, el invierno ha llegado.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo post! Aquí lo que tenemos es el caso contrario al del pilaf. Mientras uno trató de conquistarte apelando a lo que más sabe y mostrando la mejor imagen de sí mismo (aunque las cosas no le salieron bien), el otro se expuso a ir a un terreno que no conoce e incluso a quedar en ridículo con tal de salir contigo y proponerte un plan divertido.

Lo que puedo deducir de esto es que Eduardo quiere mostrarte que es capaz de seducirte como un casanova; pero J. lo que quiere es estar cerca de ti y que lo conozcas como es (desaliñado, tímido, romántico) porque quiere conquistarte a ti y no a una mujer X.

Creo que la elección es clara, amiga. Deberías darle otra oportunidad a J. Acompáñalo al Bolívar, déjalo que se ponga su terno y tú ponte un vestido precioso. Bailen un lento y beban un pisco souer, que ahí son ricos y deshinibidores. Y déjate llevar sin pensar en qué pasará después de que se besen por primera vez. Lo más probable es que lo único que suceda es que se besen por segunda vez, y luego tercera vez y así sucesivamente.

Me gustan tus post. Pero tienen que ser más seguidos. Ah, y no dejes de decirnos a quién escogiste (me da miedo pensar que las mujeres siempre nos ponen en competencia... ¿es así? Mi novia dice que no, que ella nunca me puso en competencia, que siempre fui yo el único, pero ya me entraron dudas). Eso sí, te advierto que si optas por el del pilaf me voy a sentir muy decepcionado (salvo que me mandes en un taper un poco de pilaf, que se me antoja). Pero apúrate en elegir, chica, que el invierno se viene con todo a Lima -parece que llegará antes de tiempo- y será bueno tener alguien que te abrace y te caliente los pies en medio de la neblina. Así creas nuevos recuerdos para amar la niebla limeña...

¡Suerte!

Chico-de-casi-cuarenta

Giselle Klatic dijo...

jajajajaja, me has hecho reir. O sea que tú ya tienes favorito! Debes ser algo desaliñado, tímido y romántico también!!! Y quién te ha dicho que Eduardo está compitiendo con J?
Me encantan tus comentarios chico de casi cuarenta, deberías contarme cómo te va con tu novia.

Saludos

Gi

Pilarcita dijo...

Me gusta cuando se toman su tiempo en el cortejo, tiene su encanto. Pero una vez que me entra la impaciencia... los apuro! jajaja (claro, si me gustan lo suficiente como para darme el esfuerzo!)
saludos.

NandoRams dijo...

hay dos puntos para destacar:
el primero, lo bien que vas llevando la narración. la historia fluye con espontaneidad, como el invierno mismo (y eso no siempre es fácil de lograr).
segundo, la anècdota en si. el baile, el clima y la seducción se entrelazan con belleza.
no había asociado al anterior Eduardo con este J... pero si tienes que elegir, yo diría que esperes al del otro post...
a éste le falta aroma, fragancia, sudor (será porque el baile fue solo una excusa.. en fin)deben ser, mas bien, mis recuerdos como vendedor de crisantemos...
saludos

cristina dijo...

Qué linda manera de escribir. Clara, transparente, algo sarcástica pero sin querer impresionar. Te confieso que entré a este blog de casualidad -estaba justamente buscando información sobre El Cohiba- y me ha fascinado el post que acabo de leer. Nunca comento el blogs que no conosco, pero a veces es necesario felicitar. Además me sentí bastante identificada. Me gusta muchísimo la literatura, me apasiona la salsa y también he tenido muchas descepciones amorosas hasta llegar a la misma conclusión que tú: sola estoy mejor.
Te felicito de nuevo! Y gracias por alegrarme el día, porque a veces un texto tan bien escrito y tan sencillo y bonito te alegra mucho.

La Maya dijo...

Gracias a ti Cristina! Comentarios como los tuyos me alientan a seguir escribiendo.
un abrazo!

Anónimo dijo...

Tengo 33 y divorciada hace un año sin hijos , entiendo cuando dicen: " sólas entán mejor " pero que hay de la reproducción. El reloj biológico sigue corriendo.
Que difícil es ser mujer.

La Maya dijo...

Te entiendo. Tal vez vería la vida distinta si no tuviera a mi hija. Pero tampoco puedes estar con alguien solo porque quieres tener un hijo. En todo caso, si estás enamorada, arriésgate. Siempre digo que, aunque el padre de tu hijo no sea el hombre correcto para ti, te ha dejado el regalo más hermoso de la vida. Tal vez no tengas a tu media naranja, pero de todas maneras tendrás un amor para toda la vida. No te desanimes.
Un abrazo!!!